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IMPUESTO DE SUCESIONES ANDALUCIA

“Al heredar, con un ojo reír y con otro llorar”. De esta forma retrata el refranero español con crudeza los sentimientos encontrados del que hereda: tristeza por la muerte del allegado y alegría por los bienes que espera recibir.

Pero ciertamente carece ya de ese entendimiento generalizado en todo el territorio español, pues debiera acomodarse su significación a los Reinos de Taifas tributarios que representan sobre este particular las respectivas Comunidades Autónomas. Y si hacemos una aproximación concreta a su significado en Andalucía, más bien nos veríamos obligados a cambiar su literalidad: Al heredar, con los dos ojos llorar, tanto por la pérdida del ser querido como por la enorme carga tributaria que le impone nuestra Administración Tributaria, diezmando el caudal hereditario y, demasiadas ocasiones, no dejando otra opción a los beneficiarios que la renuncia a la herencia, al no poder hacer frente a las liquidaciones que se originarían en caso de aceptarla.

Y todo ello aderezado por el bochornoso agravio comparativo que supone observar el tratamiento dado en otras Comunidades Autónomas a dicho impuesto, donde se exenciona prácticamente el 100% de tributación.

Algo, aunque poco y mal, ha venido a corregir la última reforma de 2.016. Poco porque la reforma sólo amplía las deducciones por la herencia de vivienda habitual y lleva al 99% las reducciones en las explotaciones agrarias. Mal porque deja para más adelante la corrección del “error de salto”, de tal suerte que al haber aumentado el mínimo exento de 175.000 a 250.000 €, la superación del mismo (aunque sea en 1 euro) podría conllevar una carga tributaria aún mayor que la que hubiese correspondido con anterioridad a la reforma.

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